La tecnología está cada vez más presente en casi todos los aspectos de nuestra vida personal y profesional, mejorándola y generando cada vez más oportunidades para la innovación, aunque también dejando más espacio a las amenazas.
Las tecnologías que apelan a nuestros sentidos de la vista, el oído y el tacto nos permiten experimentar el mundo de otra forma e interactuar con nuestro entorno y con otras personas de una forma completamente nueva. Los objetos de uso cotidiano son cada vez más inteligentes y están más conectados, lo que impulsa la nueva era de la informática. Las empresas crean conexiones en tiempo real más profundas con sus proveedores, sus socios, sus clientes y las autoridades públicas, recopilando y compartiendo de manera selectiva enormes cantidades de datos. El valor de la información almacenada y en tránsito aumenta con rapidez, lo que favorece el nacimiento de nuevos mercados, crea una necesidad de dispositivos conectados con seguridad, transfiere datos fiables a la nube y aporta valor gracias a herramientas analíticas.
Como cualquier otro activo de valor, la información también atrae la atención de los ciberdelincuentes, que buscan nuevas formas de apoderarse de ella y aprovecharla en su beneficio. A menudo pensamos que los ataques informáticos son obra del crimen organizado y de otros tipos de ciberdelincuentes, pero también pueden estar dirigidos por hacktivistas, países y otros individuos cuyo objetivo no es necesariamente obtener una rentabilidad financiera directa. Asimismo, asistimos a la aparición de ciberataques personalizados y privados, que pueden ser obra de cualquier persona con intención de causar daño: competidores, opositores políticos, cónyuges, vecinos u otras personas que busquen una venganza personal. Y no podemos olvidar a aquellos que sencillamente quieren sembrar el caos, cuya actividad también se intensificará.
A medida que los dispositivos informáticos se conviertan en una prolongación del individuo, contribuyendo a que nuestro entorno sea más inteligente, más consciente del contexto y más conectado, deberemos esperar cambios a todos los niveles. Las contraseñas darán paso por fin a un sistema más sofisticado de gestión y autenticación de credenciales, y la confianza se convertirá en un componente vital de nuestras actividades online y electrónicas. Valor, transparencia y consentimiento serán conceptos importantes que se incorporarán a nuestro vocabulario digital. Y el valor de los datos personales aumentará, no solo para nosotros, sino también para nuestros adversarios.
Descarga el Informe completo, aquí.





















































































Si te haces socio de ISMS Forum, formarás parte de la mayor red activa de organizaciones y expertos comprometidos con la Seguridad de la Información en España.